Para diagnosticar el asma y distinguirlo de otros trastornos pulmonares, los médicos se basan en una combinación de la historia médica, el examen físico y los exámenes de laboratorio, que pueden incluir lo siguiente:
- Espirometría – un espirómetro es un aparato que utiliza el médico de su hijo para evaluar el funcionamiento del pulmón. La espirometría, la evaluación de la función pulmonar con un espirómetro, es uno de los exámenes más sencillos y más comunes de la función pulmonar y puede ser necesaria por cualquiera o todas las razones siguientes:
- Para determinar la eficacia con la que los pulmones reciben, retienen y utilizan el aire.
- Para vigilar una enfermedad de los pulmones.
- Para verificar la eficacia del tratamiento.
- Para determinar la gravedad de una enfermedad pulmonar.
- Para determinar si la enfermedad pulmonar es restrictiva (disminución del flujo de aire) u obstructiva (disrupción del flujo de aire).
- Medidor del flujo máximo (su sigla en inglés es PFM) – es un aparato que se utiliza para medir la cantidad de aire que una persona puede expulsar de los pulmones. Durante un ataque de asma u otra enfermedad respiratoria, las vías respiratorias grandes de los pulmones empiezan a estrecharse lentamente. Esto reduce la velocidad con que el aire abandona los pulmones y se puede medir con un PFM. Esta medición es muy importante para evaluar si la enfermedad está bien o mal controlada.
- Radiografía de pecho – o rayos X, son exámenes de diagnóstico que utilizan rayos invisibles de energía electromagnética para obtener imágenes de los tejidos internos, los huesos y los órganos en una placa.
- Exámenes de sangre – para analizar la cantidad de dióxido de carbono y de oxígeno en la sangre.
- Exámen de alergia.